sábado, mayo 19, 2012
Susana Baca y Sara Hebe en la FLIA Pompeya
Susana Baca, "Se me van los pies"
Pompeya es el mapa de mi geografía íntima. Representa, a escala, los modos precarios con que entiendo mi ser en el mundo. Es también un país que contiene un universo. Un personaje de mi próxima novela dice: “Pero esta pampa maldita de Pompeya. Y estos pozos que llevo adentro como vizcacheras”, tratando de formular esas correspondencias. Y en un poema de hace unos años definí a los drogones que la infestan así: “condenados que vagan / por la avenida Sáenz / pozeada de / pobres entre los cráteres / tiznados como un patrulla de / asalto zombie / pobres-thriller que / si los viera Evita / correría a besarlos”. Era yo, en realidad, el que quería comerse a chupones a esos paqueros mientras me descuartizaban. Carlos de la Pua dijo que el Puente Alsina era como un tajo en la jeta de la ciudad: “Viejo Puente / donde se engrupen el dolor y el amor / con aguardiente // Boliche del Mostrador, / donde nunca ha tomado un delator / ni un alcagüete.” Todavía existe ese boliche, antes de subir al puente, bordeando la calle que desemboca en el riachuelo. Lo atienden ahora unos peruanos divinos, que me cambiaron el otro día un billete falso de cincuenta pesos que me habían rechazado mil veces. Cándidos como yo, que lo recibí sin palparlo ni mirar al Sarmiento borroso y deforme. Es que Pompeya podría imprimir su propia moneda sin que nadie lo notara. Dictarse sus leyes, darse sus instituciones y así.
En la cuadra de Carlos Ramirez que va de Mom a Barco Centenera se instalaron los feriantes de la FLIA el sábado y domingo pasados, con su parafernalia de empanadas veganas, libros artesanales y brownies de cogollo. En el almacén chino de la esquina un grupo de jóvenes hinchas de Huracán, vestidos con los estridentes equipos de gimnasia del club, bebían del pico indiferentes al despliegue contra cultural. Dos vecinas que habían salido a la vereda se hablaban por lo bajo en la lengua de Pompeya mientras arrojaban golpes de vista a diestra y siniestra. Entre los puestos desfilaban lesbianas embutidas en tapados usados, anarcopunks encapsulados en su era de borcegos y tachas, nuevos hippies transmutados por la cultura rastafari, fumadores de todas la combinaciones de yerbas posibles, bebedores empedernidos hasta la psicosis. Dos de estos últimos me encararon con su agresiva puesta en escena de poetas tiempo completo. Pero yo me sentía más a gusto cerca de los quemeros, que se lamentaban del empate con Patronato que nos dejó a un puesto de jugar la promoción para no descender a la B metropolitana, que de los bacanales. Ignoré a la vetusta pelirroja que me tiene entre ceja y ceja porque intuye mi desprecio racionalista a ultranza y al otro abombado que vive en un cuento berreta de Bukowski. Me fui para el escenario del fondo, a la sazón administrado por el entrañable rey Larva, que hacía gala de un carisma adobado por siglos en licores y elixires. Yo quería leer mi texto dedicado a los contadores: el que no puede mear hasta que no escucha el chorrito del de al lado, el que no puede cagar si no es en el inodoro de su casa, el que no disfruta si no es insultando a su esposa, el que le paga las tetas pero no le hace la cola, el que le chupa las medias a dios y el que se va en seco mientras caga. Pero no me dejaron.
Caí en un letargo del que me sacaron unos tambores que me llamaban como a Marlow cuando remonta el río Congo hacia el corazón de las tinieblas (“¿Hay para mi una llamada allí, en esa fila enemiga? ¿Se extrañan ustedes que no haya bajado a la orilla para un alarido y una danza?”) Era un grupo de percusionistas del que lamento no recordar su nombre aunque conseguí memorizar el de la artista peruana a la que habían versionado en el tema cautivante: Susana Baca. Ahora sí que mi humor mejoraba, estimulado por los ritmos primitivos de mis ancestros trogloditas. Un racismo beatífico me empapaba de gratitud hacia los negros que habían transportado ese pulso vital, a través de mares y montañas, hasta arribar a mi mundo privado de Pompeya, cuna de naciones, sueño cumplido de la Fraternidad Universal de la Revolución Francesa. El asalto femenino a mi sensibilidad no se detuvo ahí. Volví a sentir el canto de la sirena esta vez bajo la forma de versos rapeados con pauta métrica, contenido político y flow límpido y torrentoso. Era Sara Hebe, según me informaron, con quien supe ser tolerante a propósito de sus críticas al gobierno. Después de todo siempre es conmovedor volver a escuchar la cantilena del poder que oprime a los pueblos del mundo que no tuvieron la dicha de ser Pompeya.
Sara Hebe "Cuestión de cuna"
Sara Hebe, La Hija del Loco (2009) (Bajar)
Susana Baca, Afrodiáspora (2011) (Bajar)
domingo, abril 29, 2012
Instrumental
Temper, "Lejos", '92 (2010)
Después de escuchar el disco nuevo de Temper, banda local de rock instrumental que me alegró la mañana del sábado, justo cuando había discutido con mi hija porque me dijo boludo, porque a la noche me comí un culito de hamburguesa que ella me había pedido que se lo guarde, porque le agarró sueño y le dolía la panza, decía, en medio de las puteadas y los gritos que mis ancestros italianos me legaron para enfrentar las desavenencias familiares, desde que llegaron a los conventillos de La Boca, hasta que vino Evita y construyó unos monoblocks hermosos sobre la calle Palos, que tienen su busto dorado en la entrada, para que mi tía Laura y mi tía Nita tuvieran un pasar digno, puse el álbum '92 de Temper, que con tan buen tino me había recomendado Fernando, el trompetista, unas horas antes, decía, entonces, que después de escucharlo de un tirón, evocaba mi primer encuentro con ese género que acomete, con displicencia y falsa modestia, la canchereada de privarse de la voz cantante. Y ahí estaba Black Flag, como siempre, con ese EP visceral que se llama The Process of Weeding Out, que tiene el tupé de dejar a un costado a Henry Rollins para inventar un sonido agresivo, imaginativo e insano, cruza de hardcore, free jazz y heavy mental. Después me acordé del trío sueco de Lund, Langhorns, que pasan sin transición del flamenco a un spaghetti western de Sergio Leone, de los mariachis al surf-punk, con esa capacidad de asimilación de la cultura escandinava, que todo lo puede y a la que todo el universo musical le compete: de Abba a Turbonegro. Y, más acá en el tiempo, de un trío de San Francisco muy politizado, From monument to masses, cuyo nombre instiga la única revuelta posible: la de las masas trabajadoras.
Black Flag, The Process of Weeding Out (1985) (Bajar)
Langhorns, Mission Exotica (2003) (Bajar)
From Monument to Masses, On Little Known Frequencies (2009) (Bajar)
Temper, '92 (2010) (Bajar)
jueves, abril 05, 2012
La luna baja y sonriente (diario de gastos)

Virgin Prunes, "The moon looked down and laughed" (The moon looked down and laughed, 1986)
El viernes pasado fui a la presentación del libro de Enrique Symns Cerdos & Peces: Lo mejor, que contiene verdades irrefutables como esta: “El mal no acaba en los militares. ¿Qué fueron los militares sino la medida de un pueblo? Cada dictadura de Latinoamérica expuso la neuropatía, la psicología enferma de su pueblo, y la nuestra fue la peor de todas.” Como terminé de trabajar temprano me quedaban un par de horas antes del evento y me fui para Palermo, a la exposición del artista plástico Guggi, que para mí, hasta entonces, era solamente el más flaco de los dos Virgin Prunes, una banda que había acompañado mis juveniles arrebatos de melancolía. En el centro del salón se destacaban tres ollas enormes de bronce con forma de huevo partido al medio, de un metro de alto y uno y medio de diámetro. Se llaman Pot 1, Pot 2 y Pot 3. La rubia que atendía la exposición se me acercó y me dijo: todo el mundo las golpea para sacarle sonidos. Ni se me había ocurrido y lo hice un poco forzado, con un tincazo como los que le pegaba a mis compañeros desprevenidos en el lóbulo de la oreja en los primeros años de secundaria. Salió un ruido débil e impotente. Hubiera estado mejor pegarle con una maza, pero cada uno valía US$ 63.300. Los motivos repetidos de los cuadros eran letras del alfabeto ruso, citas de Guerra y Paz, una imagen de Tolstoi, jarras y tazones. Muchos cuadros tienen el segmento inferior barrido por un rectángulo de color (como las reproducciones de los cuadros de Rothko que se ven en las recepciones y los comedores de las empresas). Me llamó la atención una serie que se llamaba “Second from end” y estaba compuesta por cuatro paneles forrados con impresiones A4 de páginas de internet en ruso, intervenidas con distintas técnicas. Más bowls, más jarras, más fotos de Tolstoi y algunas imágenes de maniquíes de cabeza pelada. Entre las impresiones había dos canciones para niños tradicionales rusas en versión bilingüe (traducidas al inglés). Una decía: Había una gitana / que tenía una nariz larga / se preguntaba cómo / recortar su nariz / le aconsejaron / comprar vaselina / ponérsela en la nariz / y entonces / cortarla de un hachazo. Cuando salí fui a tomar una cerveza en el bar de la esquina. Nadie salvo el mozo hablaba mi idioma. Tomé una Quilmes cristal de ¾ que costaba veintiséis pesos y venía acompañada de pochoclos salados. Los comí casi disolviéndolos en saliva, por temor a partir otra de mis endebles muelas con las bolitas duras que tienen los pochoclos. Adelante mío un turista se encontró cinco pesos en el piso, me pareció una tacañería no devolvérselos al mozo que seguro los había perdido. A la hora de pagar saqué la plata de un bolsillo donde tenía quince pesos y encontré sólo diez, con lo que había estado reflexionando y observando apoltronado en mi silla al turista llevarse entre risitas cómplices mi propia guita, que se había caído cuando cambié de bolsillo las llaves. En la librería nos encontramos con Willy y la Tori y subimos al primer piso donde Enrique Symns conversó con Pablo Ramos y Tom Lupo. Hubo un pequeño incidente cuando Pilar, de Kumbia Queers y She Devils le dijo a Ramos “redondeando” con esa impertinencia de cuño punk hoy tan mal vista. La charla de Ramos era cautivante y por algo Symns lo había elegido para la presentación. La mandó a la concha de su madre y siguió desgañitándose contra la mina unos minutos más. Yo justo había leído este verano su primera novela, El origen de la tristeza, y sus poemas sarandinenses donde el niño lumpen que fue el escritor narra sus historias del barrio de Sarandí: “Despué de un tiempo el Tumbeta / sempezó a juntar con los del otro lado: / con el Alemán y otros de mierda. / Lo convencieron y le dieron Roche para que sianime. / Afanaron una joyería en La Capital / los pibe no sabíamos ni dondestaba La Capital / pero al Tumbeta le arrancaron la nuca de un cuetazo. / Yo lo sé porque se la toqué nel cajón. / Lo habían reyenado con algo que no era carne.” Si hubiera leído estos poemas no lo habría interrumpido. En la terraza había una vernissage con paté casero, albondiguitas de remolacha y salsas de berenjena con tostaditas que había preparado Poroto, que tocaba la batería en El Lado salvaje y ahora es cheff. Con Brian y Willy copamos la mesita ratona con las bandejas e hicimos un muro humano. Compré el libro de Symns: ciento veintiocho pesos en un pago. Salimos pipones a buscar los autos. El mío no estaba, se lo había llevado la grúa de Chile y Bolívar. Ciento noventa pesos con tarjeta para retirar a Flash (sumalos a los cinco del bar que tampoco estaban en mi presupuesto, y no quiero entrar a la página del gobierno a mirar la boleta por mal estacionamiento). Fuimos a una parrilla de San Telmo, comimos vacío, asado, morcilla, fritas, ensalada mixta, vino, postre y café. Los chicos se apiadaron de mi quebranto económico y me invitaron, pero igual puse cincuenta pesos simbólicos. Hablamos de Harry, Virgin Prunes, Antihéroes, el Goma, el Topo, Jorge Ursul, Rosana Shoijet, Los Corrosivos -coreamos con Willy: “las raíces mueren enterradas / entiérralos vivos! vivos!”- Jello Biafra y Roger Waters. Willy disertó sobre el mensaje libertario de estos últimos y qué forma cuadraba mejor al contenido, inclinándose por el Pink Floyd en detrimento del Kennedy. Yo retruqué que el medio es el mensaje y con Brian menospreciamos el show anti-autoritario a mil doscientos pesos. Cuando salimos la luna se veía baja y sonriente.
domingo, marzo 11, 2012
Mi Ronald Reagan
Shattered Faith, "Reagan country" (America Youth Report, 1982)
Hace bastantes años dejaron de interesarme las recopilaciones y los discos en vivo. Estos por el malestar que me provocaban los problemas de sonido, la gritería del público o la verborragia de algunos cantantes; los otros porque nunca me dejaron satisfecho las dosis homeopáticas ni los saltos de calidad entre los grupos convocados. Aunque hay dos honrosas excepciones que todavía hoy puedo escuchar con felicidad. La primera es el famoso Reporte de la Juventud Americana de la era Reagan, la otra es la que confronta a los Boedo y Florida de la escena hardcore: Esto es Boston, no Los Angeles. Aunque ambas son del 82 yo las escuché en 87, cuando los carapintadas tomaban la Escuela de Infantería de Campo de Mayo y Alfonsín enviaba el proyecto de ley de obediencia debida, al ritmo del deterioro de su gobierno. Yo vivía en Parque Patricios, ni en Boston ni en Los Angeles, pero cuando escuchaba el tema “Reagan Country”, que los Shattered Faith compusieron después del intento de asesinato de su presidente, entendía que ese mismo descontento político expresaba una crítica que yo no podía formular directamente, empeñado como estaba en apoyar la endeble democracia argentina. Reagan se convirtió por ese entonces, y para mí, en una metáfora de los años sin libertades civiles y un presagio de la debacle económica que ya nos golpeaba las puertas a mano alzada. Ahí estaban para confirmarlo los temas que me lo devolvían en cuerpo y forma: “Soy el emperador Ronald Regan vuelto a nacer con ansias fascistas” de los Kennedys, o el estribillo de DOA, “estás jodido Ronnie, no vas a durar, vas a morirte también, por una explosión de neutrones”; el irónico “If Reagan played disco” de los Minutemen, o los versos frontales de Wasted Youth: “maten a este hombre, sus valores están equivocados, esto no es una película ni un programa de la tele”. Cuando escuchaba el estribillo de un tema de Reagan Youth inmediatamente lo traducía para adentro (somos los hijos de Galtieri… Heil!)
Wasted Youth, "Reagan's In" (Reagan's In, 1981)
jueves, marzo 01, 2012
Wallas recomienda
"(...) Podría recitar una larga retahíla de grupos que ellos adoraban y yo despreciaba en conjunto: Judas Priest, Accept, Venom, Saxon, Metallica, Scorpions, DIO, Barón Rojo... No era para mí el camino del metal aunque entendía que el disfraz los dotaba de una personalidad nueva, exenta de compromisos y responsabilidades. Toda la fisonomía y la psicología que Martínez Estrada adjudicó al guarango les eran propias: la vocación carnavalesca, lo teatral y falso, el instinto festivo a deshora, el atropello que envuelve en la apariencia inocente la voluntad de ofender, la maldad en esencia pueril, el sentido picaresco, la inconsciencia de la cortesía, la burla al prójimo, la intención grosera, lo payasesco de la comedia subhumana."
(Estamos desesperados, Buenos Aires, La E del Coihue Infinito / Revista Artexto, 2011)
sábado, febrero 18, 2012
La nueva gente espacial

Los Pus, "Algo lindo" (La muerte es el futuro, 2009)
“Somos la nueva gente espacial. Y deberíamos tener un dios, pero no lo tenemos” cantan Los Pus en un tema de su disco La muerte es el futuro (2009), un grupo que voy a ir a ver, de una, este veinte doce. Es la última recomendación que me pasó Nicolás, en este derroche de bandas under con que me obsequiaron los lectores distinguidos de “mi historia…” para afrontar los calores estivales, junto con Riphle y Metal mothers. Tengo cierta predilección por el espacio exterior cimentada en la Biblioteca de Ciencia Ficción de tapas azules y plateadas y la poética de Frank Black, que inventó un universo de planetas de sonido y mundos abstractos. Entiendo el espacio como una alternativa de afirmación blanda, una declaración evanescente de principios y la postulación de un contra poder disperso. Los Pus y Riphle forman parte destacada del catálogo militante de Pronoise, campos de frutilla que vale la pena recorrer al milímetro. Ruido y psicodelia de la más prístina tradición para fundar una estación intergaláctica que apunta su cañón de rayos sobre Buenos Aires. Aténganse.
Acá se bajan Circoscuro (2011), Demonegro (2010) y La Muerte es el futuro (2009) de Los Pus: musicapus.blogspot.com
Acá Riphle (ep 2010), Ixtlan (ep 2010) y El fluir no se toma vacaciones (2009) de Riphle: blackfishdiscos.com.ar/riphle.htm
sábado, enero 14, 2012
Tildaflipers
El otro sábado nos fuimos a un recital a la tarde con Del Re. Hicimos esas cosas que lo hacen sentir a uno seguro, afirmado en la realidad: ir a comprar cerveza a un almacén, sentarse en la vereda a esperar que abran la puerta, comer alfajorcitos de maizena, escuchar una banda vernácula de HC en un galpón. El local tenía la vidriera que da a la calle pintada de negro y ninguna inscripción que aventurase algo de lo que adentro pudiera suceder. Ni bien entré conocí a dos pibes entrañables que siguen estas crónicas. Cuando empezó a tocar Nacen muertes Del Re me miró preocupado. Los instrumentos estaban enchufados directamente a los amplificadores, la música era rabiosa, el volumen infernal, el sonido rebotaba en los techos altos del tinglado y todo acoplaba de una manera ululante. A mi me preocupaba no distinguir la voz del cantante que estaba vestido con trajecito de arlequín blanco y negro y una gorra a lo Guillermo Tell, el legendario héroe suizo, dando la impresión de conjunto de un drugo de Burgess. A Del Re lo incomodaba el daño auditivo que su fino oído de músico podía sufrir en estos trances. Entendí que era una de sus herramienta de trabajo cuando me pidió salir a la fresca al final del primer número musical de la tarde noche palermitana. Siguió el trío de Conurbano profundo (Catán, Laferrere, San Martín) que aborda el metal con la vocación experimental que sugiere esa galería de términos que lo connotan (drone, sludge, doom) pero de nuevo la batería y la guitarra distorsionada se superpusieron al cantante lo que menguó la expresividad del grupo. Gran simpatía sentí por este sujeto de pelo corto y raya al costado que vestía a la manera de un oficinista que el viernes a la tarde se desabrocha la camisa y la saca fuera del pantalón para volver cómodo al hogar, aunque tuve que conformarme con el rostro gesticulante que se las arreglaba para transmitir inaudibles gritos apasionados. Al final los Tildaflipers consiguieron modular un sonido estereofónico que a esta altura parecía un prodigio. Experimentación electrónica, dub, voces espectrales, imágenes de autoflagelaciones, supliciantes y ejércitos totalitarios indujeron a un estado hipnótico, en serio. Tal es así que sólo en casa, esa misma madrugada, descubrí la belleza visual del conjunto cuando reproduje las imágenes que filmé con una camarita de morondanga. Me habían dicho un rato antes que era el grupo de Tommy Delmar, de los legendarios Delmar y 7 Magnificoz, punk original del cambio de siglo que me perdí durante esos años que me aislé en una casa de altos estudios y que hoy me revuelco de alegría mientras escucho.
Delmar, "Cafetería"

Bugs Will Die by The Truckload (1998) (Bajar)
7 MAGZ, "Chama viva"

Dictador amor (2003) (Bajar)
viernes, diciembre 30, 2011
Natación recomienda: 2011 Tour de Force

Casi como una reconvención a cierto confort musical, el señor Natación, que lee este blog con inteligencia y constancia inmerecidas, me deja con desidia erudita un comentario corto con el link del grupo Cuzcos, que me recomienda (dice él), para que me curta (digo yo). Él debe saber que no desconozco la tradición del no-wave neoyorquino y que todavía me dejo seducir por los himnos tribales de Joy Division y la Birthday Party. Con civilidad engañosa me convoca a un tour de force como el de ese verano que transpiré de punta a punta con un cassette de Suicide en el walkman y me agrega cuatro gustos personales que voy a reseñar aquí para los que no siguen las derivas tortuosas de los comentadores por el ecléctico paisaje del nuevo rock nacional.
Cuzcos, "Fuego" (Cuzcos, 2011)
A mí me recuerda a Tomás Notcheff en la formación mixta mínima de bajo y batería (como Mueran Humanos) pero sobre todo en la crudeza de ese bajo pulsado con frenesí ritual y no estoy tan desorientado porque Cristiano Monga (Cuzcos) y Tomás (venerado lector) tocaron juntos en Kundalinis según me informa Natación.
El segundo grupo es una prepoteada de este señor. Se llama Ostende y el link lleva a un EP de 3 temas que se titula El trayecto del mapache. Tocan un hardcore oscuro y climático y el cantante va al frente y se desgañita. Está bien que sea así: en el origen de la especie está el grito y el tambor.
Ostende, "Desarmados" (El trayecto del mapache, 2010)
Darío Dubois Duo y Tildaflipers son dos bandas electrónicas que le gustan a Natación, habitadas por estos tipos que trabajan con el sonido como experiencia de ataque sensorial y trance místico y se escudan detrás de teclados Casio, sintetizadores, computadoras y cintas de grabación. Tildaflipers experimenta con montajes sonoros siniestros y Darío Dubois compone suites de diez minutos para distopías suburbanas que llevan títulos como Laferrere, Lugano, Midland. Parece que están inventando un dub argentino como unos nietos mutantes de Lee Perry o Mad Professor adaptados al ecosistema de la cuenca del Matanza.
Tildaflipers, "Atrás, no mires" (Disco fantasma, 2011)
El último es Nacen muertes, tocan arcore de la vieja escuela californiana (así: sin h y sin d) bien sucio, de un minuto. Hubieran estado en su salsa en los festipunks de Valentín Alsina de hace veintipico de años, que hay que descubrir donde se hacen hoy para no anquilosarse.
Nacen muertes, "Hombres de enfermedad"
http://cuzcos.bandcamp.com/
http://ostende.bandcamp.com//
http://soundcloud.com/dario-dubois-duo
http://soundcloud.com/nacenmuertes
http://soundcloud.com/tildaflipers
sábado, diciembre 03, 2011
2011: Roy recomienda

Ya es hora de reseñar brevemente algunos de los posts que no voy a llegar a escribir este año en el blog:
Empezando por el nuevo rock nacional, hago constar que mi amigo Roy, cantante de Excusiones Polares, tuvo ese gesto imprescindible de sociabilidad, del que vivimos los melómanos, de recomendarme tres bandas locales. Dijo “las tres mejores cosas que escuché este año” y viniendo de él, que sacó un discazo en el 2011 y le gusta Teenage Fanclub y The Brian Johnstown Masacre (con eso solo ya sos mi amigo), no queda otra que darle crédito.
La primera es Valle de muñecas, el grupo de Mariano Esain (a.k.a. Manza: Menos que cero, Flopa-Manza-Minimal) que editó este año La autopista corre del océano hasta el amanecer. Es un disco límpido, de canciones, virtuoso, delicado y melancólico, lleno de inteligencias, radiable en el mejor de los sentidos.
La segunda es Acorazado Potemkin y el disco se llama Mugre. Comparte con la primera al baterista, Luciano, hermano de Manza y tiene una cara para mí gratamente conocida, la de Federico Ghazarossian, el bajista de Don Cornelio y Los Visitantes, que supo animar noches imborrables en el Parakultural. Soy muy sensible a los nombres de los grupos y, así como el de Valle es sugestivo en el paisaje siniestro habitado por ese sustituto inquietante y equívoco de lo humano que expresa también su cosificación y mutilación, este me resulta tan colmado de referencias culturales que aplasta. La voz de Juan Pablo Fernández (Pequeña Orquesta Reincidentes) cultiva una veta tanguera y porteña por la que supo transitar también, sentando un estilo característico, Palo Pandolfo, hablando de Roma. El grupo tiene la frescura y la arremetida de los power trío locales, me hace acordar a Harry, la banda de Esau, Aloé y Gigio que me hizo feliz. Merece una asistencia en vivo, seguro. Tienen un epígrafe en la página donde se puede descargar el disco gratis que dice “Mugre es eso que suena entre nota y nota”: me produce un sinfín de asociaciones porque vengo de leer el capítulo “Gramophone” de un libro genial de Friedrich Kittler (Gramophone, Film, Typewriter, Stanford University Press, 1999) que se detiene en ese sonido primal, intraducible a cualquier escritura musical, que se llama “white noise” y que esta en el fondo de cualquier transmisión de los media, el ruido que emiten los canales por donde los flujos de datos deben cruzar, que Kittler vincula con lo Real lacaniano, el desperdicio y el residuo.
La última es Pels que sacó su primer disco de nombre Ugo. Tiene un arte de tapa hermoso y catorce canciones cortas y redondas de pop-rock, letras y músicas de una sencillez engañosa que vale la pena recorrer en este siglo en que el Indie nos salva las papas.

La autopista corre del océano hasta el amanecer (2011)

Mugre (2011)

Ugo (2011)
jueves, diciembre 01, 2011
Carica presenta:
miércoles, noviembre 02, 2011
Broken Social Scene en La Trastienda
Escribía lo siguiente un iracundo comentador de este sitio, con razones, por cierto, atendibles: “Si no fueras tan un tan espantoso porteño engreído, mediocre, lleno de citas y referencias si no fueras tan cagón y horrible nerd y si tuvieras algo de Rock y sobre todo si tuvieras algo de huevos, podrías escribir bien sobre rock. No es un elogio, quizás podrías escribir bien sobre rock. Me llamo Diego Ramiro y vivo en Salta y creo que sos un hermoso exponente de lo horrible que pueden ser un porteños falto de huevos, es más seguro que está casado. 0387-155806007” (La ortografía fue normalizada, no así la sintaxis.) Yo justo venía de leer un cuento de Ada María Elflein de 1910, en el que Doña Rosa Aróztegui y su hija María, salteñas y patriotas durante las guerras de la Independencia, se ofrecen a cuidar un herido del ejército de Belgrano sin advertir, dominadas por la piedad y la lástima, que el joven de grandes ojos azules pertenece al bando realista (“¡Un realista, no!”, se titula.) Imploro el mismo manto de piedad ahora que voy a referir el show que obsequió anoche Broken Social Scene a los porteños que se dieron cita en La Trastienda. Y lamento que no haya estado allí el agudo crítico, no porque haya sufrido heridas (el público era reducido, entusiasta y respetuoso), sino porque hubiera querido compartir con él una experiencia que traducida a palabras resulta, en sus precisos términos, mediocre. Y llena de citas y referencias, desde que el mismo Brendan Canning, bajista y factotum, junto a Kevin Drew, de este grupo fabuloso de la escena indie canadiense, se detuvo un momento a enumerar, de modo celebratorio, las remeras (dijo T-shirts) de los, a esta altura, atónitos escuchas: Sonic Youth, Arcade Fire, The Flaming Lips, etc. O porque el cantante, Kevin Drew (y cuando digo cantante o bajista lo hago para simplificar, ya que constantemente intercambiaron instrumentos y tomaron alternativamente la voz líder), invitó a cantar a Emily Haines, engreída voz de los Metric que participó en los primeros discos de la banda, para hacer una versión punkeada de un tema precioso del primer disco que se llama “Almost Crimes (Radio Kills Remix)”. La felicidad dominó los ojos de los nerds que escondían su emoción detrás de aparatosas gafas de aumento, y aunque sabíamos que las batallas por la libertad de la patria no se libraban en ese escenario cosmopolita no pudimos sustraernos al influjo de esas cuatro guitarras alineadas al frente de un combate que no resultó menos maravilloso.
sábado, octubre 29, 2011
Diario de filmación: Jueves 27
Me levanté seis y monedas y leí unos cuentos de Laiseca antes de ir a bañarme, mientras tomaba unos mates: el del chico que adopta al perro Bobi, que resulta ser un ratón asiático que se come al gato y el del hombre que pacta con el diablo revivir su infancia (de los cinco a los quince) a cambio de un millón de dólares, pero con la experiencia y los conocimientos ya adquiridos, lo que termina siendo una tortura. Viajé a la universidad escuchando Ohmega Watts sin novedades, salvo por un motociclista aplastado como un perro a la entrada de Panamericana que produjo un leve congestionamiento. Di mis clases de Pichiciegos con los latiguillos de siempre: la guerra traducida a los valores de la economía, las estrategias de oferta y demanda, la microsociedad comercial y de consumo, el Turco, Menem y la década del noventa, mi anécdota personal del 2 de abril, en la plaza, cantando Galtieri, mi buen amigo, como a nosotro’ a vo’ también te gusta el vino, vení baja, vení chupá, etc. En el receso para comer aproveché para consultar unas referencias en la biblioteca. Elegí el escritorio que da al campus para pispear el partido de fútbol que estaba por empezar.

El ventanal
Siempre juega algún alumno mío y me gusta comparar su actitud en la cancha con la que demuestra en clase, el manejo de la pelota y de los libros. Se descubren relaciones sorprendentes. Encontré esas citas mínimas que pagan el día del investigador, en una referencia biográfica de un periodista de segunda línea de fines del diecinueve, en la que Vicente Cutolo me hace un guiño personal: “Es una figura que despierta interés, aunque poco conocida; merecería ser estudiada.” Pasé rápido por el comedor y compré dos empanadas de pollo y una de verdura. Por equivocación me trajeron dos y dos, con lo que un nuevo signo positivo me alumbraba el día (me pone contento recibir vueltos de más o pagar de menos por error.) Llamó Brian y quedamos a las 18 en la puerta del salón Pueyrredón. A las 20 puntual estaba anunciado el inicio del Hallowen Horror Party 3 con Marcelo Poca Vida como maestro de ceremonia. Nosotros fuimos antes a filmar al Goma mientras armaba los equipos y tendía los cables. Unos chicos de Mar del Plata de la banda Jinetes Fantasmas se retocaban los jopos con spry y nos miraban incrédulos registrar en High Definition al histórico plomo de anecdotario inagotable: Nos contó de su amistad por Facebook con Exene Cervenka, que le consiguió un pase para Pearl Jam, y que el día del recital se vuelve en la Van con los X y que capaz los trae de incógnitos a tocar unos temitas en el Salón (lo está manejando, dijo). Con Brian nos miramos risueños, todo es posible en el mundo-goma.

Brian y Goma
Yo no puedo digerir que me voy a perder el recital de X (y por como viene la mano, el de Sonic Youth también). Hicimos unas tomas buenas cuando el Goma se olvidó de hacerle guiños a la cámara. Llegó Poca Vida, lo saludamos y decidimos quedarnos hasta que empiece el show para filmarlo un poco, aunque no integra nuestro casting, sólo para tener una viñeta del recital. En el interín me fui a mirar el puesto de discos y pelis que ya estaba armado y me quedé charlando con el puestero, que me convidó unas secas para paliar la espera mientras comentábamos una novela de Flavio.

El puestero generoso
Ya estábamos podridos cuando Los Primitivos, disfrazados de momias empezaron a enchufar los instrumentos. Tocaban primero ellos, después seguía la performance de Poca Vida caracterizado de científico loco con un Frankenstein como partener y cerraban Los Kahunas. Nos fuimos a la mierda cuando el show estaba por arrancar. Brian se iba a un slam de poesía en Pacha. Yo a Llavallol (tenía natación a las 7 y media de la mañana siguiente). Vero me esperaba con un pollito hervido con tomate partido al medio.
El ventanal
Siempre juega algún alumno mío y me gusta comparar su actitud en la cancha con la que demuestra en clase, el manejo de la pelota y de los libros. Se descubren relaciones sorprendentes. Encontré esas citas mínimas que pagan el día del investigador, en una referencia biográfica de un periodista de segunda línea de fines del diecinueve, en la que Vicente Cutolo me hace un guiño personal: “Es una figura que despierta interés, aunque poco conocida; merecería ser estudiada.” Pasé rápido por el comedor y compré dos empanadas de pollo y una de verdura. Por equivocación me trajeron dos y dos, con lo que un nuevo signo positivo me alumbraba el día (me pone contento recibir vueltos de más o pagar de menos por error.) Llamó Brian y quedamos a las 18 en la puerta del salón Pueyrredón. A las 20 puntual estaba anunciado el inicio del Hallowen Horror Party 3 con Marcelo Poca Vida como maestro de ceremonia. Nosotros fuimos antes a filmar al Goma mientras armaba los equipos y tendía los cables. Unos chicos de Mar del Plata de la banda Jinetes Fantasmas se retocaban los jopos con spry y nos miraban incrédulos registrar en High Definition al histórico plomo de anecdotario inagotable: Nos contó de su amistad por Facebook con Exene Cervenka, que le consiguió un pase para Pearl Jam, y que el día del recital se vuelve en la Van con los X y que capaz los trae de incógnitos a tocar unos temitas en el Salón (lo está manejando, dijo). Con Brian nos miramos risueños, todo es posible en el mundo-goma.
Brian y Goma
Yo no puedo digerir que me voy a perder el recital de X (y por como viene la mano, el de Sonic Youth también). Hicimos unas tomas buenas cuando el Goma se olvidó de hacerle guiños a la cámara. Llegó Poca Vida, lo saludamos y decidimos quedarnos hasta que empiece el show para filmarlo un poco, aunque no integra nuestro casting, sólo para tener una viñeta del recital. En el interín me fui a mirar el puesto de discos y pelis que ya estaba armado y me quedé charlando con el puestero, que me convidó unas secas para paliar la espera mientras comentábamos una novela de Flavio.
El puestero generoso
Ya estábamos podridos cuando Los Primitivos, disfrazados de momias empezaron a enchufar los instrumentos. Tocaban primero ellos, después seguía la performance de Poca Vida caracterizado de científico loco con un Frankenstein como partener y cerraban Los Kahunas. Nos fuimos a la mierda cuando el show estaba por arrancar. Brian se iba a un slam de poesía en Pacha. Yo a Llavallol (tenía natación a las 7 y media de la mañana siguiente). Vero me esperaba con un pollito hervido con tomate partido al medio.
lunes, octubre 10, 2011
Joe Lally

Joe Lally, "What Makes You", Why Should I Get Used To It (2011)
Llegamos temprano a ver a Joe Lally, ex-bajista de Fugazi, en el salón Pueyrredón. A despecho del anti-mercantilismo esgrimido como política musical por la banda de MacKaye la entrada costaba 100 pesos, que merced a la intervención de conocidos de conocidos pudimos reducir a dos por uno primero y tres por uno en la vacilación final de nuestro contacto a la hora de sumar nuestras cabezas. En el interín nos sentamos a tomar una cerveza en el barzucho de al lado y apareció el Goma. Nos contó anécdotas de su abigarrado acervo personal: Lemmy y Maradona en Morocco, Novoselic comiendo melón con jamón, Cobain y Courtney Love rompiendo una banqueta durante su desquiciada gira porteña. Con Brian nos relamíamos pensando en la película que vamos a filmar que lo tiene por uno de sus protagonistas. Adentro pasaron documentales de Fugazi y de Reynolds para un público que si no fuera Buenos Aires caracterizaría de college rock. Había un puesto de discos comandado por el enano que Massacre heredó de El otro yo. El cedé de Valle de muñecas costaba 30 pesos: dudé y lo dejé. Había algunos elepés cuyos precios no quise averiguar (sobre todo Out of Step de Minor Threat). Después de una espera amena arrancó el grupo de Lally con el bajo al frente, batería sincopada y una rítmica implacable. Pero nos tomó por sorpresa la guitarrista, Elisa Abela, con su facha andrógina de una belleza purgada en campos de concentración interiores. Tocaba con un estilo particularísimo, autodidacta, punteado, noisy y naif. Fue un encanto verla y escucharla y presenciar ese extraño pacto con su instrumento. Lally pidió que prendan las luces y bajen el volumen de los instrumentos. Habló al público con un tono diáfano y sereno sobre las bondades de la asociación humana y la sempiterna opresión de los gobiernos. Salimos con Vero contentos y satisfechos a comer los tradicionales sánguches de blanco de pavita de Margot con sidra tirada. Garuaba en Pompeya cuando doblamos por la avenida que bordea el riachuelo hacia el nocturnal Puente de la Noria.

Bajar
viernes, septiembre 30, 2011
Excursiones Polares

qué nos queda? (Música Total, 2011)
Las imaginaciones geográficas excitaron las mentes calenturientas de aventureros y exploradores por siglos. Hombres inquietos soñaron, en las tierras yermas del polo, pasajes a lugares que sobrepasaban en prodigios y hermosura a todas las regiones descubiertas. De la sustancia de estos sueños esta hecha la música de Excursiones Polares, cambiando el continente helado por el Bernal natal y el paraíso por la canción perfecta a fuerza de simpleza. El itinerario de estas rutas del tesoro está plagado de pasadizos secretos: de Los Gatos a Wilco o de Virus a Teenage Fun Club. Ninguna angustia de las influencias: felicidad lisa y llana. Será por eso lo de Música Total, título del segundo disco de los polares y también de un viejo programa de videoclips de los febriles ochentas, cuando el rock nacional volvió a nacer. En la cara de los medianos, que se preguntan por la deriva de esa batea local en las disquerías porteñas, aparece este mapa hermoso de diez canciones y una tapa que invita a perderse. En El corazón de las tinieblas cuenta Marlow que cuando veía los espacios en blanco de un mapa ponía el dedo encima y decía: “Cuando crezca iré allá”.
domingo, agosto 28, 2011
Estás viva (siento en verdad)

La Perla irregular, "Donde el ladrillo", Estás viva (siento en verdad) (2011)
Solamente por la tapa valdría la pena tener esta antología de La Perla Irregular que sólo está disponible en la red gratis. O sea, si no se sopesa el hecho de que recopila una selección del cancionero más prolífico y esperanzador del nuevo rock nacional, ni se justiprecia el Don compositivo de Pablo Vidal, barroco, psicodélico y clásico en su exploración meticulosa de la música pop, estaría uno dispuesto igual a llevarse la cajita de plástico con el sobre desplegable en papel ilustración. Paradojas de la era digital: lo quiero tener pero no existe, lo quiero pagar pero es gratis.
Bajar
domingo, julio 17, 2011
Paoletti & Los Acordes
"El beso", Casa Rodante (2011)
El miércoles a la noche Paoletti presentó su disco nuevo, Casa Rodante, en un bar del microcentro, once años después de su último trabajo, Soy yo por ahora. Son once años mentirosos, nadie le dedica once años de su vida a un disco. Además contiene nueve canciones, lo que daría un promedio de cuatrocientos cuarenta y seis días para cada una. Esta displicencia para publicar es intrínseca a su universo musical y poético, sustraído a la lógica mercantil de la producción artística y enrolado en un uso económico de los recursos expresivos. Una vez sola hizo alarde de derroche creativo en el clásico En la ruta del árbol (1998), y dejó en claro que ese disco de veinticuatro temas podía expandirse como un fractal en veintitantos discos más, simplemente siguiendo hasta el final cada una de las líneas propuestas y concentradas en lacónicos temas de un minuto y pico. Pero para Paoletti menos es más. Como su poesía, que ha decantado en un conjunto de palabras que ningún poeta se atrevería a cortejar: flores, colores, viento, árboles, agua, sal, casa, ventana, nubes, cielo. Son las mismas palabras que se encuentran en los libros infantiles, en versos sencillos sin ropaje ni pedrerías: “una mariposa me besó en la boca”, empieza el disco cantando Paoletti a quien la naturaleza le habla, lo besa y acaricia, sin misterio ni revelación, así nomás.
Había veintiséis personas cuando empezaron a tocar, entre ellas una mesa de jóvenes beldades que se levantaron promediando el concierto que a las claras no les competía. En dos temas Fernando Lamas, que luce su voz acompañando a Paoletti, batió palmas para recuperar esa esencia de los cuerpos percudidos, tan vieja como el hombre. Hay algo antiguo en las canciones de Paoletti, como música de cuna para seres gastados. Tocaron bajito, atentos a las ordenanzas municipales, contenidos, cejijuntos, parcos. El público se mostró pasivo e indolente. Pocos se acercaron al final a comprar el disco. En la tapa hay una soga para colgar la ropa, con las partituras prendidas con broches, una palangana sobre el pasto, una naranja colgando de un árbol y una guitarra negra perdida en el fondo oscuro del jardín. La voz de María Fernanda Aldana moja las canciones con el agua clara del pozo. Es un disco hermoso, tiene vientos, moog y piano Rhodes, colibríes que hablan, mariposas que besan, árboles que brindan, colores que cambian de color, perfumes de flores y nubes que aplauden.
(Foto: Ines Buzzetti Thomson)
domingo, junio 19, 2011
Mucha experiencia

"Too experience"
Bob Andy empezó su carrera solista en 1966, venía de The Paragons, un trío vocal pionero de los géneros que empezaron a transmutar las influencias norteamericanas del jazz, el soul y el R&B en ska, rocksteady y reggae, al compás de la liberación política de Jamaica y la arremetida imparable de la cultura popular. Cuando salen artistas representativos de las villas se puede aseverar que una cultura se mueve en una dirección progresiva. También los argentinos, diestros en los saberes del pobre, supimos apreciar las canciones directas de Bob Andy, en las versiones festivas que Los pericos grabaron para sus álbumes Big Yuyo (1992) y Pampas reggae (1994). “Mi resistencia” y “Mucha experiencia” se convirtieron en éxitos inmediatos merced a ese estímulo indescifrable que también provocan las notas sucesivas de “La comparsita” en los descamisados de Nepal. El loro es una especie vituperada: en muchos chistes de cornudos suele revelar con maldad encubierta en su inocencia animal la trama del engaño, y en cuentos policiales o fantásticos la identidad del criminal. Ema, la cautiva, viajaba con su amante indio y en un claro del bosque vio un loro aplastado reducido al espesor de una lámina. Los pericos, que tuvieron el raro privilegio de fundar el reggae argentino, que ya había tocado a conciencia un italiano en las sierras de Córdoba, no versionaron a Bob Andy sino a otro pionero pero del reggae en español, el panameño Nando Boom. A fines de los ochenta Nando tradujo “My Time” y “Too experience” de Bob Andy para revitalizar las melodías setentosas con las bases rítmicas del dancehall, esa contrarrevolución electrónica y minimalista que barajó y repartió de nuevo las voces herbosas mezcladas con los samplers y los golpes de las máquinas. De Nando Boom viene el estilo vocal que ensaya el Bahiano con aplicación escolar, pero en la traslación pampeana del tema el riddim del centroamericano, que por esos años seguía con devoción las novedades de Jamaica de la mano de artistas como Shabba Ranks, queda en el camino aplastado como el loro de Aira: La reversión perica elije el más tradicional y reconocible formato del roots reggae para los chicos concebidos durante la opresión dictatorial en polvos paranoicos de frenadas y sirenas. De las opciones de uno y otro resultan, finalmente, desenlaces claves para el nuevo siglo: la primacía de Panamá y Puerto Rico en el gusto popular local a través del cantero inagotable del reggaeton, que Nando Boom ayudó a inventar, y la sinuosa deriva del reggae argentino que no supo amalgamarse al paladar negro de nuestros negros villeros.

"Mucha experiencia"
martes, mayo 31, 2011
Swans

Sabía de antemano que no quería volver a escuchar a Swans cuando me enteré que en el 2010 grabaron un disco después de catorce años. Ya en los noventa me había distanciado de ese grupo que representaba para mí la exploración de los límites de lo audible. Por los mismos años dejé de escuchar a Killing Joke, Sonic Youth, The Birthday Party; a Virgin Prunes, Joy Division, Bauhaus; a Cabaret Voltaire, Lydia Lunch, Crime and the City Solution. En mayor o menor medida los encuentro a todos asociados a una búsqueda imposible de revisitar. Implicaron estados emocionales de un compromiso vital que hoy no estoy dispuesto a ofrendar. Pero también eran mi don. Mi círculo privado. Mi territorio de violencia soterrada y dolor gratuito. Puro gasto. Guardo un afecto inmenso por todos ellos que ya no les puedo entregar. Por favor, no se junten más.
Swans, "My birth" (2010)

Swans, My Father Will Guide Me up a Rope to the Sky, (2010)
sábado, abril 30, 2011
The Brian Jonestown Massacre vs. Simon Reynolds

No me hice fanático de The Brian Jonestown Massacre hasta que empecé a escucharlos. Y eso no ocurrió hasta que ví esa batalla épica con los Dandy Warhols en un documental que recrea el mundo de fantasía donde todos y cada uno de los artistas de rock deberían vivir, para beneplácito de sus fieles. Después escuché Their Satanic Majesties' Second Request, el mejor camino de regreso a la psicodelia que se haya desandado jamás. Ningún rollinga de Parque Patricios debería dejar de escucharlo, a despecho de su reducido culto a la trinidad que sólo tiene cabida para dos dioses locales más: los bocados circulares y la coja. Es verdad que suenan a Primal Scream que suena a Exile on Main Street en momentos de inspiración. No lo es que el rock, en esta revisión del pasado, pueda representarse con la imagen de una limusina destartalada que sólo anda marcha atrás, como lo hizo Simon Reynolds en un ensayo donde ensalza los desarrollos de la música electrónica, que vendrían a salvar al rock actual de su involución o carácter retrógrado. Reynolds pretende impresionar a los legos con un aparato teórico desactualizado: la muerte del autor (Foucault), el placer hedónico de la superficie contra la interpretación (Sontag), emergente y residual (Williams), y se entusiasma hasta afirmar que la cultura rave es antipolítica, porque quienes la integran dejan sus ideologías afuera en “un intento de atravesar las divisiones y redescubrir bases primales para conectarse, incluso si esa unidad es tan simple como compartir las mismas sensaciones sonoras, y a veces las mismas drogas, ocupando el mismo espacio” (“Historia electrónica”). Claro, no estuvo a la salida de la Creamfield 2009 de Parque Sur (Avenida Roca y General Paz), donde los chicos “prepolíticos” estaban indignados porque habían dejado entrar a un montón de negros de Soldati que lo único que querían era drogarse y chorear (y no quiero chicanear con el precio de la entrada). Me recuerda a esos autores posmodernos que leen las fronteras como cuerpos porosos, flujos migratorios, zonas permeables donde se acentúa la multiculturalidad. Ja! Me río como Pablo Vila de esta cita de Harrison y Montoya: “La frontera… es un lugar donde el individuo es cruzado por múltiples identidades, donde uno es un yo plural, un yo que prospera en la ambigüedad y la multiplicidad” (“Voices/Voces in the Borderlands"): Andá a explicárselo a la patrulla fronteriza de El Paso o los patovas de Pachá. ¿Y a todo esto, dónde queda ese genio demente de Anton Newcombe, cruza de suicidados en masa y guitarristas cultores de la sobredosis como una de las bellas artes? Es el verdadero intérprete (o sea: lo contrario del crítico de rock): el comunicador de significados, el ejecutante radical que invierte su propio ser en la puesta en acto de valores musicales elegidos. Contra la tiranía aurática de la originalidad, Reynolds (a vos te digo).
"Anenome", Their Satanic Majesties' Second Request (1996)
Discografía a 1 clik
viernes, abril 01, 2011
Juanas Adicción
Durante veinte años imaginé un recital de Jane’s Addiction transfigurado por los tintes hiperbólicos del mito. En innumerables reseñas lo entreví como el Teatro al aire libre de Oklahoma que recibe a todos los desposeídos y sospechosos de América, como un circo descomunal en continuo ensanchamiento. La visión original me la proporcionó el Rata, el día que vino a casa con un cassette de Ritual de lo habitual a contarme que había visto un show en Tijuana. Ayer llegó la ocasión de cotejar los reinos antagónicos de la imaginación y lo real. Por fin pude saltar como lo hacía en mi cuarto de soltero, después de bañarme y antes de ir a trabajar, pero con el cuerpo entumecido, esta vez, por los golpes que me propinaban los jóvenes briosos que pogueaban como si el punk recién acabara de inventarse. Nos divertimos muchísimo. Mi esposa, más atrás, celebraba la altura que conseguía casi por encima de la media, a mi edad, y el estoicismo con que resistía los embates. Pero ignoraba las consecuencias del frenesí. En un desplazamiento lateral trastabillé y se me cayeron los lentes. Me tiré al suelo y empecé a palpar el piso de pasto oscuro, deteniendo con una mano al chico que tenía adelante para que no los pisara en un movimiento involuntario. El flaco, rápido y avivado, les pegó un grito a los cuatro o cinco danzarines que saltimbanqueaban a mi alrededor; algo así como ¡Esperen!, con la solidaridad que sólo el punkrocker sabe ofrecer en los trances peliagudos. Se hizo un vacío de gente a mi alrededor que no sabía lo que ocurría o intuía lo peor. Yo tirado en el suelo meta palpar y mi protector aguantando a la multitud con una voz de mando contundente que detuvo el recital durante los tres segundos que demoré en recuperar los anteojos. Los revisé y estaban intactos, me los puse, miré para adelante y sentí un alivio al comprobar que los músicos seguían ahí. Yo estaba sofocado, agitado, hiperventilado mientras Perry Farrel componía cuadros de vodevil con dos bailarinas de burdo gusto camp. De a poco me fui retrasando hasta reencontrarme con mi mujer, que me esperaba con una gatorade para que reponga las sales que había perdido en el tour de force. Le di los lentes. Se escucharon los golpes del bajo de la siguiente canción. Me toqué la billetera, las llaves del auto, los documentos y el celular para ver si estaban; los acomodé lo mejor que pude en el fondo del bolsillo y salí disparado hacia adelante. Mi esposa meneaba la cabeza resignada la última vez que giré para verla.
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